Así serán las oficinas en el mundo post-COVID

Adiós a los grandes espacios diáfanos donde todo el equipo trabajaba en comandita, entre otras cosas porque muchos lo harán desde casa. Esta es solo una de las características que marcarán los nuevos espacios laborales en el mundo post COVID.

Al objeto de reducir la movilidad de la población en el contexto de la lucha contra la emergencia sanitaria ocasionada por el Covid-19, gran parte de los trabajadores no considerados esenciales empezaron a trabajar desde su domicilio. También en el proceso de desescalada el teletrabajo está desempeñando un papel principal pero ¿qué pasará cuando se levante el estado de alarma y cada cual asuma en su oficina la responsabilidad de evitar el contagio?

Incorporación progresiva y más teletrabajo

Aunque en una situación excepcional, se calcula que un 80% de las empresas españolas ha incrementado los últimos meses el teletrabajo con el fin de que su actividad se resintiera el mínimo posible de la crisis. Con los niños sin colegio y toda la familia confinada a la vez, no ha sido el marco apropiado para demostrar si el teletrabajo funciona o no, pero sí que muchas empresas se plantean extender esta modalidad en el tiempo y una incorporación progresiva de los trabajadores en distintos turnos. 

En esta línea, la empresa especializada en soluciones digitales VASS, ha puesto en marcha un medido plan de regreso progresivo de sus trabajadores bajo los criterios de «voluntario, flexible y responsable”. Toda la gestión para solicitar el regreso deben realizarla los empleados a través de su propia app: VASSApp. Asimismo, “en horario flexible, las oficinas estarán abiertas de lunes a jueves entre las 8h y las 18h, momento en el que quedarán cerradas para su desinfección diaria. Los viernes todo el Grupo teletrabajará”, se afirma en la estrategia diseñada por la compañía. 

Como recuerda Pere Vidal, profesor colaborador de los Estudios de Derecho laboral de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el teletrabajo conforme a Derecho debe ser una opción voluntariamente. “Si el teletrabajo no forma parte de la descripción inicial del puesto, y el empleador hace una oferta de teletrabajo, el empleado puede aceptar o rechazar la oferta (voluntariedad), pero no se le podrá imponer, ni tan siquiera con un procedimiento de modificación sustancial de condiciones de trabajo”.

Adiós a las oficinas abiertas

Si antes de la irrupción del Covid se habían puesto de moda, sobre todo entre las startups, los grandes espacios abiertos y compartidos, ahora habrá que procurar el aislamiento. Miguel Arenas, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, prevé la implantación de un modelo de oficina “tipo «panal de abejas”, en la que cada trabajador se mantendrá aislado de sus compañeros. “Ante la situación de crisis sanitaria, las empresas se verán obligadas a utilizar barreras físicas para mantener una separación efectiva entre los puestos de trabajo cuando no se pueda garantizar la distancia mínima de dos metros entre los trabajadores”.

Menos radical, Jaime Salvá, fundador de un estudio de arquitectura e interiorismo en Mallorca y con experiencia previa en San Francisco, comparte la idea de que habrá que reservar algunos espacios de la oficina para el aislamiento, pero no concibe ya la imagen de un espacio de trabajo delimitado por barreras arquitectónicas. “Es importante mantener el contacto visual con el equipo”, sostiene, por lo que él es partidario del uso de cristales o mamparas transparentes, además de materiales naturales y colores neutros. En cuanto al aislamiento de determinados espacios en forma de cabinas o similares lo relaciona con la necesidad de preservar las buenas condiciones acústicas teniendo en cuenta que, con el teletrabajo y la movilidad reducida, es previsible el incremento notable de videoconferencias y eventos celebrados en remoto. Las otras claves importantes que recuerda el arquitecto son la ventilación y la iluminación del espacio. Cuanto más natural sea en ambos casos, mejor.

En lo que respecta a los espacios comunes, como los ascensores, baños o el comedor también deberán adaptarse a la situación. “Las zonas comunes pasarán por una modificación temporal más rígida en su gestión, tendrán una limitación y un control de aforo y posterior limpieza y desinfección”, es la opinión de Iván Ciudad Valls, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

Fichar de forma telemática y jornadas reducidas

“Se eliminará temporalmente la huella biométrica y se utilizarán cada vez más tarjetas de acceso sin contacto, e incluso aplicaciones”, sostiene Ciudad Valls. El mismo apunta al hecho de que empresas y representantes de los trabajadores están lanzando propuestas de condensar el trabajo en jornadas continuas e incluso reducirla a cuatro días laborales. Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, es, por ejemplo, una de las que ha planteado la posibilidad de introducir en su país la jornada laboral de cuatro días. “Los beneficios de reducir la jornada laboral son muchos: mejor calidad de vida para el trabajador, más ocio, conciliación personal y familiar y dedicación a proyectos de pequeño emprendimiento”, afirma Antonio Fernández García, profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC. 

Medidas de precaución

Para la prevención existen medidas preceptivas de protocolo dictadas por las autoridades sanitarias. Se incluyen aquí desde el uso obligatorio de las mascarillas o el mantenimiento de la distancia de seguridad. Pero en el interior de las oficinas, no siempre son obligatorias. “No es imprescindible usar mascarilla durante la  jornada laboral si el tipo de trabajo no lo requiere y si se mantiene la distancia interpersonal”, dice Pere Vidal. 

Se delega, entonces, en las empresas la responsabilidad de evaluar el riesgo de contagio y las medidas a adoptar. En el caso de VASS que hemos tomado como ejemplo, la compañía ha decidido tomar la temperatura diariamente a los empleados antes de acceder a las instalaciones además de imponer el uso imprescindible de mascarillas. Asimismo, “será obligatorio realizar un curso de aspectos generales del SARS-Cov-2”.

Según Vidal, en ningún caso el coste de las mascarillas y los guantes o de otras medidas de seguridad y salud deberá recaer sobre los trabajadores. “El empresario deberá proporcionar a sus trabajadores equipos de protección individual adecuados para el desempeño de sus funciones y velar por su uso efectivo cuando estos sean necesarios”.

Declaración jurada y cámaras de temperatura: sí pero con límites

Otra de las medidas adoptadas en VASS hace referencia a una “autorización expresa de los responsables y la firma de una declaración responsable que confirme no haber tenido síntomas del virus covid-19 o haber estado en contacto con personas contagiadas los 15 días anteriores a la incorporación”.

En opinión de Eduard Blasi, profesor colaborador del posgrado de Protección de Datos de la UOC, “la empresa, por ejemplo, puede impulsar, dentro de su plan de prevención, una declaración jurada para saber si el trabajador está infectado o no y que se firmaría antes de entrar en un edificio o recinto empresarial”. Añade este experto en protección de datos que la empresa puede hacer preguntas relativas al estado de salud del trabajador pero que deben ser “las mínimas e indispensables para detectar la existencia de síntomas relacionados con la COVID-19, si el trabajador ha sido diagnosticado como contagiado o sometido a cuarentena. Cualquier cuestionario extenso de salud podría ser desproporcionado y contrario a la norma”.