El efectivo podría tener los días contados: así cambiará el mercado el euro digital

La aparición del coronavirus ha provocado el crecimiento exponencial de los pagos virtuales y con tarjeta. En este contexto, el dinero en efectivo podría tener los días contados.

El efectivo podría tener los días contados: así cambiará el mercado el euro digital.

El dinero en efectivo podría tener un papel testimonial en los próximos años. Tanto es así, que el Banco Central Europeo ya ha anunciado el lanzamiento de un “euro digital” La aparición de la pandemia de covid-19 ha provocado un crecimiento acelerado de las compras online y los pagos con tarjeta de crédito. Así, un proceso que debería haberse producido en años se ha desarrollado en apenas meses.

El proyecto, todavía en una fase de pruebas, incluirá la tecnología blockchain al euro tradicional, una reclamación de una parte importante de la ciudadanía en los últimos años. El euro digital buscará así competir con criptomonedas como Bitcoin o Ethereum, así como con otros proyectos de monedas digitales puestos en marcha por Rusia o China. Aunque la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha querido dejar claro que “nunca reemplazará al dinero en efectivo”, lo cierto es que el euro digital llega para quedarse en el contexto mundial actual.

El 63% de los ciudadanos europeos -y el 58% de los españoles- ha comprado al menos una vez a través de un comercio online en el último año, según datos de Eurostat. Además, los informes disponibles muestran cómo el comercio electrónico ha duplicado su cuota de mercado durante el último año, y el 53% de los españoles afirma que comprará más por Internet cuando la pandemia acabe, según algunas encuestas. Unos datos que pueden extrapolarse a nivel mundial y que muestran el enorme crecimiento de un sector que esperaba un recorrido más lento.

Las aplicaciones del euro digital que pueden acabar con el efectivo

Además de las compras online, los comercios físicos también han notado un cambio de tendencia en el consumidor, que ahora prefiere pagar con tarjeta siempre que pueda para no tener que tocar el dinero en efectivo, un posible transmisor de virus como el que ha paralizado el mundo en 2020. En este contexto, el euro digital es una baza importante para el BCE, que busca competir con las criptomonedas y sus múltiples utilidades para empresas y consumidores.

Operar con menos de un céntimo. La primera utilidad es la división del dinero en cantidades casi infinitas. Si, hasta este momento, la unidad más pequeña del euro es un céntimo, el euro digital permitiría operar con unidades más pequeñas. Esta función sería de gran utilidad para negocios digitales, que podrían por fin utilizar el dinero que obtienen por visita, en lugar de tener que esperar a acumular una cantidad que pueda hacerse física.

Transferencias internacionales inmediatas. El comercio online lleva tiempo perdiendo muchas oportunidades por la tardanza de las transferencias internacionales. En el mejor de los casos, el dinero llega con uno o dos días de retraso desde su emisión, lo que puede suponer un problema en algunos negocios. Tras la implantación del euro digital, los pagos podrán realizarse de forma instantánea y segura, lo que colocará a la moneda europea al nivel de criptomonedas como Bitcoin o Ethereum.

Seguridad contra el fraude fiscal. Por último, la aparición del euro digital y la consecuente desaparición progresiva del dinero en efectivo podría tener efectos muy positivos para la economía. Uno de ellos tiene que ver con el fraude fiscal, ya que la trazabilidad de las operaciones a través de blockchain cerraría la puerta al ya conocido “¿Con IVA o sin IVA?” Según un estudio elaborado en Italia, el Estado podría recaudar hasta 30.000 millones de euros anuales correspondientes a este impuesto.

En este momento, el euro digital se encuentra en fase de pruebas, también en España. Santander, BBVA, Sabadell, CaixaBank y Bankia son las cinco entidades encargadas de testear el sistema, lideradas por Iberpay, la compañía que lanzó con gran éxito la herramienta Bizum. Aunque las pruebas deberían haber empezado en agosto, finalmente han comenzado en septiembre. Un pequeño retraso que no debería eliminar una transición que llega para quedarse.

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