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REDIT: 11 Institutos Tecnológicos al servicio de la innovación de la pyme y la industrialización sostenible 

Once centros tecnológicos especializados, 1.800 investigadores del ámbito científico-técnico, unas instalaciones de 150.000 metros cuadrados y la asociación con miles de empresas son los activos que ofrece la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT) para apoyar la innovación en las pymes y micropymes, además de promover una industrialización sostenible.

Redit

La Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT) es una asociación privada sin ánimo de lucro que se financia, en parte, por la Generalitat, principalmente a través del Instituto Valenciano de Competitividad (IVACE), así como por la Conselleria de Innovación, la Agencia Valenciana de la Innovación (AVI), con fondos de la Unión Europea, y con los ingresos que proceden de los servicios prestados a sus empresas socios y compañías con las que trabajan.

La red está integrada por once institutos tecnológicos especializados en sectores como la cerámica (ITC), el calzado (INESCOP), biomecánica (IBV), textil (AITEX), producto infantil y de ocio (AIJU), metalmecánico y madera (AIDIMME), alimentación y cosmética (AINIA), plástico (AIMPLAS), energía (ITE), embalaje, transporte y logística (ITENE) y TICs (ITI), pero que también participan en proyectos transversales de investigación, desarrollo e innovación de naturaleza distinta a la industria en la que están especializados. En total, cuentan con instalaciones que se extienden por 150.000 metros cuadrados y con 1.800 investigadores del ámbito científico-técnico que trabajan no solo con empresas de la Comunidad Valenciana, sino también de otras regiones españolas y a nivel internacional. 

La proyección de REDIT

«Los centros tecnológicos de la Comunidad Valenciana nacieron de la necesidad de las empresas valencianas» – afirma Gonzalo Belenguer, director general de REDIT desde 2019. «Nuestro tejido productivo está formado, en el 99 por ciento de los casos, por pymes y micro pymes, que, en muchas ocasiones, no cuentan con los medios para poder dedicarse ni invertir en I+D+i». Si bien los centros nacieron fruto de la realidad del tejido empresarial de esa región, desde el principio ampliaron su actividad a nivel nacional e internacional. 

En 2021, los centros integrados en REDIT trabajaron en 2.600 proyectos de I+D+i, un 172 por ciento más que el año anterior.  Más de 5.500 organizaciones, entre pymes y multinacionales, están asociados a ellos, aunque trabajan con un total de 16.500 empresas clientes.  

“El objetivo de REDIT no es otro que conseguir que nuestras empresas ganen en competitividad proporcionando el asesoramiento para innovar y el apoyo externo que necesitan”, declara Belenguer quien dice no conformarse con estar al frente de la que es ya la primera red de apoyo a la innovación de pymes en España, sino que aspira a revalidar este posicionamiento en el mundo. En esta línea, cita Belenguer algunos de los proyectos puestos en marcha por REDIT en colaboración con entidades del tamaño de la NASA, Google o Nike.

“Aunque REDIT surge como iniciativa en la Comunidad Valenciana, la proyección nacional e internacional ha formado parte de su ADN desde el primer momento con un modelo que se adapta perfectamente a las diferentes realidades del tejido productivo nacional y de otras latitudes”, señala Belenguer.

Al servicio de la innovación de las pymes y micropymes

El objetivo de REDIT es convertirse en el interfaz que conecta el conocimiento y la investigación del mundo académico y tecnológico con las empresas, independientemente de su tamaño, ya sean pymes o pequeños comercios como zapaterías de barrio o puestos de los mercados tradicionales, que quieran ganar en competitividad y distinguirse del resto.

 «Innovar ha dejado de ser una opción para convertirse en un imperativo que, independientemente de la empresa o el sector en el que opere, ha de acometer cualquier organización que quiera sobrevivir y seguir creciendo de forma sostenible.» – afirma el director general de REDIT. «Si se quiere ganar en competitividad, van a tener que innovar en producto, en tecnología o en su modelo de negocio».

La casuística de las empresas que recurren a REDIT es muy amplia. Los servicios que ofrecen sus centros tecnológicos no solo son proyectos de I+D+i, sino también ensayos de laboratorio de alto valor añadido, la certificación de sus productos y procesos o formación técnica de alta especialización.  

Red de redes

Desde la creación de los once centros tecnológicos de REDIT, algunos con más de cincuenta años de actividad, la realidad empresarial y económica ha cambiado. Si INESCOP surgió en 1972 para hacer frente a una crisis en el sector del calzado valenciano ocasionada por un cambio regulatorio en Alemania, hoy los retos a los que se enfrentan las empresas y los diferentes sectores son globales, transversales en un entorno económico digital. 

La clave para superarlos está en la cooperación y el buen entendimiento con todos los actores de los diversos ecosistemas, según Belenguer. En un entorno de competitividad ecosistémica, los límites sectoriales se difuminan y la innovación es algo necesario para reaccionar a los cambios constantes que la propia tecnología impulsa. 

Esa es la razón por la que los institutos tecnológicos de REDIT han evolucionado a lo largo de su historia hacia un modelo transversal. «En los años 80 y 90, los centros funcionaban de una forma más vertical, y ahora trabajan también en proyectos que, en origen, no están relacionados con su sector natural. Otro factor interesante es la colaboración entre los centros para atender retos que no existían cuando nacieron», explica Belenguer. Uno de estos proyectos es iMoLab, en el que colaboran seis de los once institutos de REDIT. Financiado por IVACE y con fondos europeos, trabajan en el desarrollo de demostradores que analizarán y definirán cómo será la movilidad sostenible en el futuro.

El emprendimiento simbiótico mediante la búsqueda de alianzas estratégicas que se nutren del valor que aportan otros organismos y corporaciones es la mejor forma de encarar el escenario actual. De aquí el esfuerzo de REDIT por estrechar vínculos con otras organizaciones nacionales y supranacionales integrándose en asociaciones como el Enterprise Europe Network (EEN) de la Comisión Europea, o EARTO, la asociación europea de centros tecnológicos.

Su aspiración a compartir y transferir conocimiento, ha hecho que REDIT colabore con organizaciones de otros países con tejidos empresariales similares para exportar su modelo de innovación como Perú o Túnez. Así, mantiene acuerdos con la Fundación Parque Científico Tecnológico de Antofagasta, en el norte de Chile, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) o la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). En 2022 ha participado en misiones tecnológicas a Portugal, Chile y Reino Unido, además de recibir una delegación procedente de diferentes países latinoamericanos para promover ecosistemas de innovación.

Imagen del proyecto iMoLab

Un beneficio social ocho veces superior a la inversión

Con una inversión de 197 millones de euros, la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana ha generado un impacto social de 1.505 millones de euros. Es la conclusión del estudio «Retorno Social de la Inversión» presentado el pasado mes de junio: por cada euro invertido en las actividades de los institutos tecnológicos, se ha obtenido un impacto social de 7,64 euros.

Al mismo tiempo, los proyectos de I+D desarrollados con los centros tecnológicos, han tenido un impacto positivo de 351 millones de euros en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular, en los relacionados sobre industria, innovación e infraestructura, producción y consumo responsable, así como acción por el clima. 

En cuanto al impacto de las acciones llevadas a cabo por los centros tecnológicos doblan el valor del desembolso realizado en cuanto a acciones para los trabajadores, ya que con una inversión de 22 millones se ha conseguido un impacto de 44,6 millones.

Otro informe elaborado por REDIT dedicado a la investigación e innovación responsables, revela que los institutos tecnológicos están muy comprometidos con mitigar el impacto negativo que pueden tener ciertos sectores. La diversidad y la igualdad de género están en el centro de su estrategia, muestra de ello es que el 52 por ciento de los empleados de los centros son mujeres.    

REDIT Ventures

En 2022, REDIT ha dado un paso más en la colaboración entre sus centros para afrontar otro de los retos colectivos a los que se enfrenta, como es la financiación de empresas emergentes. REDIT Ventures es un fondo de inversión dotado de 1,5 millones de euros financiados por los institutos de la red. Gracias a este vehículo de inversión, se quieren generar nuevas empresas de base tecnológica a partir del conocimiento emanado de la propia red. «Con él queremos apoyar proyectos que, por su disrupción, no se pueden transferir al tejido empresarial actual, pero que constituidos de forma conveniente y evolucionados son empresas solventes, tecnológicas y disruptivas», explica Gonzalo Belenguer. 

De gestión independiente y profesionalizada, el fondo no se limita a la inversión, sino que asume un rol de ventures builder mediante la identificación de tecnologías, la configuración del equipo fundador, la creación de empresa y el apoyo posterior a su consolidación.

Las personas en el centro de la innovación

Diversos estudios avalan que la innovación ayuda a las empresas a que sean más competitivas. «No solo contribuye a la generación de valor y de un tejido empresarial de alto valor e impacto» – explica Belenguer. «Permite, además, pagar buenos sueldos, contribuir al desarrollo socioeconómico de los territorios, y, en definitiva, contribuir a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos» – afirma. 

Apunta que la diferenciación de REDIT es “innovar en personas”: poner a las personas en el centro de innovación para mejorar su calidad de vida a través del incremento de la competitividad. Para ello, Belenguer considera que es necesario diseñar un estrategia nacional a largo plazo que apueste por la innovación y mejore la competitividad con el esfuerzo conjunto de entidades públicas y privadas. “Si queremos legar una sociedad mejor a las futuras generaciones, debemos construirla a partir de los valores, el conocimiento, la innovación y la tecnología”, concluye.