Cristóbal Colón (La Fageda): “No me siento empresario, sólo gestiono una empresa que crea empleos”

La frase del título corresponde a Cristóbal Colón, presidente y fundador de La Fageda, una empresa y un proyecto social nacido para promover la integración de diferentes colectivos. Primero fueron enfermos mentales y ahora también otros vulnerables. Su caso se estudia en universidades y centros de negocio de todo el mundo. Elaboran postres lácteos, mermeladas y tienen una empresa de jardinería. Venden casi 100 millones de yogures al año. La ONU los ha reconocido por su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la Agenda 2030.

La_Fageda_Cristobal_Colon

Comenzó trabajando como sastre con su tío pero sus inquietudes iban por otro lado. Militó en el PCE y el PSUC y acabó en la cárcel por ello. En el partido conoció a psiquiatras y se interesó tanto por este mundo que abandonó la sastrería donde se ganaba muy bien la vida para coger un trabajo de mozo de manicomio con un sueldo de 6.000 pesetas. Lo más bajo del escalafón. No tenía ni bachillerato superior, pero a los 25 años se acogió a la nueva Ley de Educación que permitió a los mayores de esa edad acceder a la universidad tras superar un examen. Y estudió Psicología. 

Con el tiempo empezó a tener dudas del marxismo y de las teorías del psicoanálisis, al compás de la nueva antipsiquiatría. La psiquiatría imperante no era la suya. Los manicomios eran casi centros de internamiento. Con la idea clara de que el trabajo es fundamental para la recuperación de los enfermos mentales, en 1982 se traslada a la Garrotxa, en Girona, dispuesto a tirar adelante un proyecto del que todavía no sabía qué sería, sin experiencia y con cero pesetas. 

Pero debía ser u proyecto suyo y en la naturaleza. Cuando se presentó, junto al doctor Torrell, al alcalde de Olot con algunos enfermos mentales, y dio su nombre, Cristóbal Colón, el alcalde debió pensar que los locos eran ellos. Sus primeros encargos fueron trabajos de jardinería para el ayuntamiento en el 83. Tenía 34 años cuando empezaba. En el 85 empezaron con su granja, primero de leche y luego añadieron valor haciendo yogures cuando en 1992 las cuotas lecheras de la PAC amenazaron las explotaciones ganaderas. Hoy venden casi 100 millones de yogures al año y son la primera marca independiente en Cataluña. A sus 72 años, Cristóbal Colón, sigue al frente de su empresa y trabaja en su sucesión ordenada. 

EMPRENDEDORES. Un estudio de la agenda 2030 de la ONU sobre la contribución de las empresas al desarrollo sostenible, os ha incluido como ejemplo. ¿Por qué? 

CRISTÓBAL COLÓN. Porque somos raritos. 

EMP. Define raro y explícame qué es la Fageda.

C.C. Nosotros nos hemos construido bajo una frase: el trabajo consentido es un trabajo con sentido. Además de tener una cadena de valor potente, porque si no esto no se aguantaría, hay que tener una cadena de sentido. Tenemos que ser rentables haciendo cosas con sentido. En segundo lugar, el trabajo te tiene que permitir desarrollar tus capacidades Y, en tercer lugar, te tiene que permitir trascender del egoísmo. Todo eso hacemos. 

EMP. ¿Tu función no es crear una empresa sino tenerla para cumplir un fin?

C.C. Es un medio y un fin. Yo monto mis empresas para crear puestos de trabajo, no para producir yogures ni para ganar dinero para unos accionistas. Ahora bien, tienen que ser rentables. La gente sabe que aquí no venimos a hacer yogures sino otra cosa. Pero los yogures tienen que estar de diez. 

EMP. Porque tienes una gran batalla por el lineal. 

C.C. No somos unos hippies, sino de un realismo feroz. Nuestro objetivo es crear puestos de trabajo con rentabilidad. No tenemos ánimo de lucro, pero sí ánimo de margen y ese margen se queda en el producto. 

EMP. ¿Cómo contemplas el concepto de crecimiento? 

C.C. No participamos de ese concepto. Muchos empresarios repiten el mantra del neoliberalismo de que, si no creces, desapareces. Pues hay quien ha desaparecido por crecer demasiado. Los que piensan que pueden crecer hasta el infinito en un mundo finito, o son tontos o son economistas. Y lo dijo un economista. La crisis ambiental tiene mucho que ver con ese absurdo de crecer. 

EMP. ¿Por eso no queréis salir de la Garrotxa?

C.C. Somos un proyecto social que trabaja en una comarca de 50.000 habitantes. No nos vamos a Pekín a resolver los problemas mentales de China. A nivel social trabajamos en esta comarca y a nivel comercial en Cataluña. No quiero crecer porque considero que la salud de las relaciones es la base del éxito de una compañía. 

EMP. Algo competitivo sí serás si quieres enfrentarte a las grandes marcas.

C.C. Claro. Pero no lo hago con el precio, por ejemplo. Somos los más caros del mercado. Simplemente hacemos un yogur diferente, de calidad, de granja. Yo delante tengo a Danone y a Nestlé. Y debo estar en Mercadona. Y estoy porque el señor Roig sabe que dos millones de hogares compran nuestro yogur. Algunos me pidieron bajar el precio y a cambio me comprarían muchísimos yogures. Dije que no, porque se destruiría nuestra imagen. Nuestra marca es nuestro carné de identidad y debemos cuidarla. La estrategia de marca tiene tres patas la del producto, que tiene que ser de gama alta, si quieres tener un precio alto y estar colocado en las estanterías diferenciándote como tal. Si no eres coherente y bajas los precios, la marca se deshace. 

EMP. Cuando diversificas y produces mermeladas estás creciendo.

C.C. No. Estoy haciendo otra línea de negocio para crear puestos de trabajo. Intento tener distintas actividades que me permitan tener diferentes puestos de trabajo con diferentes intensidades. Como haremos ahora con unas empresas de limpieza. Pondremos en marcha tantas actividades económicas como creamos posible asumir. 

EMP. ¿Qué ponéis en práctica para hacer vuestra empresa sostenible?

C.C. Además de lo que le he dicho sobre los puestos de trabajo, la sostenibilidad forma parte de los objetivos de la empresa. Tenemos en cuenta el impacto de todo lo que hacemos, de todo lo que se factura. Equilibrio social y equilibrio medioambiental van juntos. Nosotros estamos en un parque natural que cuidamos. Nuestra fábrica la hemos hecho subterránea para evitar el impacto ambiental. Y hemos tenido que profundizar en roca volcánica, con lo que nos ha costado bastante más caro hacerla. Como he dicho, nos centramos en una comarca, trabajábamos el kilómetro cero antes de que se inventara el nombre. Las materias primas y los proveedores son cercanos. Si desequilibráramos nuestros objetivos sociales o medioambientales, perderíamos nuestra razón de ser. 

EMP. Vosotros tenéis una granja con animales, campos de cultivo y una industria. ¿Cómo conjugáis todos estos elementos?

C.C.. Lo ligamos en lo que entendemos por economía circular. Tenemos unas vacas que producen leche y que utilizamos para hacer unos productos y todo acaba generando residuos. Históricamente, el agua que se utiliza para limpieza y que en parte contiene leche y genera lodos, la enviábamos a una depuradora. Decidimos probar qué pasaría al mezclar el estiércol de las vacas con estos lodos que no tienen productos tóxicos. Acabamos produciendo compost para los campos. 

EMP. ¿Qué se produce en estos campos?

C.C. La cebada y el maíz que alimentarán a nuestras vacas. El 70% de la alimentación es autoproducido, con lo que cerramos el círculo. La finca La Coromina está a 3 kilómetros de aquí y son 22 hectáreas propias de cultivo. 

EMP. ¿Qué hacéis con los envases de plástico?

C.C. Es lo más complicado. En 90% de nuestra producción va en envases de poliestireno que técnicamente es un buen plástico. Comparado con los envases de vidrio, disminuye el número de camiones que entran en el parque con lo que baja el impacto de CO2. Pero no deja de ser plástico, por eso estudiamos otras posibilidades. 

EMP. ¿Qué habéis hecho en concreto?

C.C. En primer lugar quisimos ver qué pasaba con nuestros envases cuando el cliente final lo tiraba a la basura. Pero no en teoría, sino en la práctica. Fuimos a diferentes plantas de selección tras hablar con el Gremi de Recuperació de Catalunya. Comprobamos que el poliestireno, con el que nosotros hacemos los envases, de hecho, no se recicla, aunque la Unión Europea lo acepta. 

EMP. ¿Por qué no se separa?

C.C. Hay dos o tres tipos de plástico que se separan bien, como el PET y otros de alta densidad, porque después se pueden vender bien. Queda una fracción a la que llaman mezcla que las plantas no reciclan. 

EMP. ¿Qué hacéis después de comprobarlo?

C.C. Estudiar otras posibilidades. Nuestro yogur líquido ya va en envases con un 30% de PET reciclado. Producimos envases de 500 gramos de cartón con una fina capa de plástico. Un pack de cuatro yogures tiene 20 gramos de plástico y un envase de cartón sólo dos. Pero debemos ser honestos. No tenemos una solución realista para sustituir el plástico. Toda la cadena tiene que evolucionar. Los fabricantes deben encontrar nuevas propuestas y los productores como nosotros buscar sistemáticamente en qué podemos mejorar. Y, por supuesto, los centros de separación y reciclaje deben hacer los deberes. Hacen falta estudios globales que tengan en cuenta más factores, desde la energía que se utiliza cuando se fabrica a la que usas si reutilizas. Nos tomamos muy en serio los temas de sostenibilidad y tenemos un departamento de innovación calidad y medio ambiente que lleva Oriol Gol con un equipo muy comprometido. 

EMP. ¿Por qué no utilizáis envases de cristal?

C.C. En nuestro caso no tenemos la maquinaria, pero su uso no aguantaría otros criterios de sostenibilidad. El transporte dispara la huella de CO2. Vendemos más de 90 millones de yogures. Si fueran de vidrio incrementaría 7 veces los camiones con envases vacíos al llegar y 9 veces al salir llenos. Lo tenemos calculado. Lo que es seguro es que no dejamos de buscar soluciones. Estamos estudiando la manera de reducir nuestra huella de carbono global. Tenemos previsto tener este indicador en un periodo de dos años 

EMP. ¿Qué tipo de energía utilizáis?

C.C. El 86% proviene de fuentes renovables y la compramos con certificado de que lo es. Además, la caldera principal que fabrica el vapor que necesita la fábrica funciona con biomasa con astillas que vienen de la limpieza y tala de bosques cercanos. No hemos conseguido que provenga de nuestra actividad de jardinería, pero compramos restos forestales de Cataluña. 

EMP. ¿Cómo funciona vuestra granja?

C.C. Tenemos 250 vacas de raza frisona y no queremos crecer. No queremos una macrogranja que masifique a los animales. Las ordeñamos con robots que detectan cuándo la vaca necesita ser ordeñada y evitarle el estrés de hacerlo sólo dos veces al día. Mejoramos su calidad de vida, escucha música barroca y, cuando la tratas bien, a lo mejor en lugar de 60 litros te da 70. 

EMP. ¿Compráis leche a otros productores?

C.C. Tenemos un acuerdo con diez granjas que trabajan para nosotros con nuestra filosofía y calidad y forman parte de la cooperativa. No salimos al mercado a comprar leche para mantener un nivel de calidad. 

EMP. Háblanos de tus empresas de jardinería.

C.C. La primera empresa que montamos fue de jardinería. Hacíamos cosas sencillas para el ayuntamiento de Olot. Hoy somos la más importante de la comarca con 50 trabajadores. Somos los guardabosques del parque. Fue la primera actividad autónoma con la que demostramos que los tontos y locos de La Garrotxa eran capaces de cuidar los jardines del pueblo y no andaban por la calle ni robaban. Eso fue en 1983. En el 84 ya comprábamos esta finca y en el 85 presentamos un proyecto y nos dieron 48 millones de pesetas y pudimos montar la granja, equipar la empresa de jardinería y montar un vivero ornamental, aunque con éste fracasamos. 

EMP. ¿Por qué?

C.C. Porque no supimos hacerlo ni estábamos en el circuito. Es mucho más fácil hacer un yogur. Otra cosa es el dinero que necesitas para montar las infraestructuras. Pero nos dimos cuenta de la importancia terapéutica que tenía. Después pasamos a hacer un vivero de planta forestal. Íbamos a buscar semillas al bosque para germinarlas. Ha sido la actividad más bonita. Aquella época fue muy importante para mí, pues venía aquí tras sufrir una crisis existencial importante, intentando salirme de una estructura para crear algo en lo que creyera. 

EMP. Pues lo has conseguido. Estarás satisfecho… 

C.C. La satisfacción es de los trabajadores cuando ven que hacen cosas útiles y a cambio reciben algo con lo que ganarse la vida. Y tienen un elemento muy importante: el reconocimiento. Nosotros nos construimos a través de la mirada del otro. ¿Cuántas veces nos sentimos invisibles? El trabajo debe permitir que desarrolles tus capacidades. Todo el mundo sirve para algo. Y debe permitirte trascender del egoísmo. Para que un proyecto funcione debes hacerlo con otros o no funcionará. 

EMP. ¿Cómo escoges a tu personal?

C.C. Necesitamos excelentes profesionales porque estamos en el mercado. Pero sobre todo profesionales buenos, gente que entienda de qué va esto. Con ellos somos muy exigentes. Pero no hacemos selección con las personas con necesidades. Tenemos actividades diferentes con distintas intensidades. 

EMP. ¿Cómo debe ser un emprendedor social?

C.C. En tanto que emprendedor debe ser muy realista y con una formación adecuada. Y además tener la conciencia de que los otros son muy parecidos, que tienen los mismos deseos, anhelos e inquietudes que tú. Aquí vienen las universidades a estudiar nuestro modelo y les animamos a que acometan proyectos y desarrollen su proyecto vital. Nuestra expansión en lo social es un ejemplo. 

Las personas, lo más importante

De La Fageda dependen en este momento 469 personas de la Garrotxa, una comarca de 56.000 habitantes. De ellas, 345 son puestos de trabajo directos (entre los que se encuentran casi 300 personas en riesgo de exclusión). Además, La Fageda prepara a personas poder incorporarse al mundo laboral y hace el seguimiento de 35 que ya se han incorporado. Tiene un grupo de 15 en tratamiento psiquiátrico en servicio prelaboral, para ayudarlas a adquirir hábitos personales y laborales. Disponen de un servicio de residencia para un colectivo que no tienen familia o, si la tienen, no pueden hacerse cargo. En la Fageda se producen productos lácteos, mermeladas, helados, y realizan trabajos de jardinería, que fue su primera actividad en 1983. 

Las cifras de La Fageda

250  vacas de raza frisona en su granja

97 millones de unidades de lácticos anuales de 26 referencias

110.000 kilos de mermeladas

86% de energía de fuentes renovables

5.000 puntos de venta

42.000 visitantes anuales 

345 puestos de trabajo directo

Un crecimiento sostenido

Las cifras es ascenso continuado de La Fageda se deben a la mejora de penetración en el tejido comercial. Por una parte, han conseguido más clientes, y por otra han incrementado la gama de productos en los lineales. El 76% de su facturación depende del comercio retail, y el resto de colectividades (hospitales, escuelas, empresas de catering etc). Su cuota de mercado es del 7,1%. Estas son las cifras de los últimos años en millones de euros

2016: 16,66 

2017: 19,21

 2018: 21,48

 2019: 23,69

2020: 24,54