¿Sabías que… Internet contamina ya tanto como el tráfico aéreo?

La huella ecológica que deja internet ya se equipara con la de otras industrias muy contaminantes, como la aviación.

La huella ecológica de internet ya es un problema mundial

Aunque cada vez se habla más de la huella ecológica de las grandes industrias, muchos pasan por alto el gran impacto negativo de internet sobre el medioambiente. Más de 4.500 millones de personas, el 60% de la población mundial, tienen acceso a la red en pleno 2021, algo que equipara los niveles de contaminación de esta tecnología con los de otros sectores en entredicho, como la aviación.

Aunque el desarrollo de internet ha sido fundamental para reducir la huella ecológica de muchas industria y empresas, lo cierto es que su impacto también afecta de forma negativa a nuestro entorno. “Cada consulta, cada búsqueda, cada archivo enviado y cada documento almacenado, ejecutado miles de millones de veces, es responsable de parte de la creciente demanda mundial de energía y, por lo tanto, también del aumento de las emisiones de CO₂”, afirma una experta en La Información.

Gran parte de la huella ecológica de internet tiene que ver con el almacenamiento. Cuando subimos un archivo a la famosa nube, este se almacena en los servidores físicos que las empresas de datos mantienen con grandes cantidades de electricidad. Tanto como 30.000 millones de vatios, el equivalente a la producción de 30 plantas nucleares.

Pero, ¿cómo podemos reducir la huella ecológica de internet? Esta es una cuestión difícil de responder, y las grandes compañías tecnológicas deberán enfocarse en tratar un problema que puede convertirse en irreversible si no se aborda a tiempo. Mientras tanto, los expertos recomiendan borrar de forma frecuente los archivos duplicados o que no se utilizan; borrar los correos electrónicos antiguos o anular la suscripción a las newsletters que no se leen.

La huella ecológica de las criptomonedas

Dentro de la gran cantidad de información que alberga internet y las tecnologías, las criptomonedas también han ocupado el centro del debate sobre la huella ecológica en las últimas semanas. En ello tiene mucho que ver que Elon Musk, que hasta hace unos meses era un firme defensor de las transacciones con bitcoin -lo que disparó el precio de la divisa-, anunciara que Tesla dejaría de operar con la moneda por su alto impacto en el medioambiente.

Esto se debe a la gran cantidad de electricidad que requieren tanto las transacciones con criptomonedas como la minería, el proceso mediante el cual todos los ordenadores de la red cripto van creando las divisas, utilizando la tecnología blockchain. Por eso, Tesla «tiene la intención de utilizarlo para transacciones a medida que la minería pasa a una energía más sostenible”, y no descartan la adquisición de otras criptomonedas más respetuosas con el medio ambiente, tal y como ha anunciado el propio Musk en su polémica cuenta de Twitter.

Las malas noticias sobre la huella ecológica de bitcoin, sumadas a las restricciones de su uso en China, han motivado las grandes caídas en su valor. Su futuro es incierto, si bien parece haber entrado en una etapa de estabilidad que podría ser el inicio de una recuperación. Sea como fuere, las grandes compañías y los expertos en criptomonedas también deberán hacer un ejercicio de innovación para reducir el impacto ambiental de las nuevas tecnologías.

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