Iba para futbolista y ahora este emprendedor marca los goles desde el centro del campo

El plan A era convertirse en futbolista profesional. Plan B, no existía, menos aún pensando que un diagnóstico pudiera dar un vuelco radical a su vida con 22 años. Es la historia del emprendedor Gerard Bofill, fundador de Can Buch, un hotel 100% eco y autosostenible que tiene todo completo hasta octubre.

gerard Bofill Can Buch

Si la vida le hubiese dado alguna pista de que iba por un camino equivocado, tal vez se hubiese planteado las cosas de otra manera. Pero no, Gerard Bofill Vaquè quería ser futbolista profesional y todo apuntaba a que podía conseguirlo. Eso sí, a base de muchas horas de entrenamiento y mucha disciplina la misma que aplicaba también a su faceta de estudiante. Compaginó así su pase por diferentes clubs con estructuras profesionales y su trabajo como coordinador y director de fútbol base con la licenciatura en INEF.

Igual forzó demasiado la máquina, o quizás no, que era todavía muy joven y dinámico, pero su ritmo de vida frenó en seco el día que le diagnosticaron un osteosarcoma a la edad de 22 años. No era de los más agresivos, pero aún así tuvo tres recidivas que le han hecho pasar por quirófano otras tantas veces. 

La enfermedad dejó el lienzo en blanco. Sin embargo, para ganarse la vida no le quedaba otra que volver a lo único para lo que se había preparado, el deporte, aunque esta vez lo hizo desde la docencia. El problema es que ya no le gustaba tanto, ni el fútbol ni su Barcelona natal. Ahora le apetecía una vida más espiritual, tranquila, en contacto con la naturaleza y los animales. Trasladó su residencia a Gerona y, tras una estancia con su chica en una masía, se dio cuenta de que su nueva verdad era el campo real, que ahí era donde quería vivir y trabajar. 

Así es como empezó a concebir la idea de crear un proyecto que, además de cubrir sus necesidades económicas, le permitiese vivir como quería y contribuir, aunque fuese un poco, a la sostenibilidad del planeta . Empezó a recorrer masías para ver la posibilidad de montar un negocio rural. De todas las que vio, le gustó la más cochambrosa, tres piedras que podrían considerarse dejadas de la mano de dios de no ser porque se hallaban en un paraje espectacular, en el Valle de Llémena, en la comarca de La Garrocha (Girona).

El proyecto era crear una casa rural enmarcada en la tendencia del ecoturismo. Claro que la reforma de la masía en ruina iba a llevar su tiempo y su dinero. Los ahorros personales y familiares, alguna que otra ayuda bancaria y otra ayuda procedente de los Fondos Leader para el desarrollo rural solventaron el problema financiero. En cuanto a la reforma, echó mano de un equipo de artesanos locales y voluntarios que, mediante técnicas manuales y materiales ecológicos de la zona, fueron dando forma al hotel. No había que buscar mucho, porque gran parte de los materiales utilizados los daba la misma naturaleza. Utilizaron las piedras que encontraban, barro, madera, cerámica y cal y todo de KM0 “consiguiendo acabados de gran calidad sin emplear materiales químicos ni industria”, afirma.

Can Buch

Emprender con un espacio geobiológico

Dos años y medio después, el 8 de julio de 2020, abre por primera vez sus puertas a los turistas Can Buch, un hotel rural 100% ecológico y autosostenible con el que Gerard Bofill quiere ofrecer a la sociedad lo mismo que encontró él: “una vida llena de amor y paz”.

Mientras hacían la obra Bofill prosiguió con su viaje personal a la espiritualidad empapándose de lecturas relacionadas con la salud, la nutrición, la agricultura, la vida holística, naturaleza, geobiología, fengshui … Todos esos conocimientos adquiridos los iba aplicando a sus propias rutinas y a la reconstrucción de la masía. Creó un huerto ecológico y una granja de animales de los que, a día de hoy, proceden gran parte de los alimentos que sirven en el restaurante plant-based y de KM.0 con cocina de autor  de Can Buch, tanto para quienes se alojan en el hotel como para comensales de fuera. 

Aparte, venden también productos del huerto y de la granja ecológica como verduras, fruta, cerveza, pan o huevos. Todo ello a precios más económicos, porque se ahorran a los intermediarios. Ofrecen también actividades y rutas turísticas como otra línea de negocio.

En cuanto al hotel, cuenta con 7 habitaciones, todas ellas accesibles, y con instalaciones como una biopiscina que simula el funcionamiento de un río y de un lago y que no utiliza sal ni cloro para su limpieza, una pequeña pista de tenis, un spa construido con piedra y cerámica artesanal de la masía o una zona chillout, entre otros y siempre en la línea de espacio geobiológico.

El día que Can Buch abrió sus puertas al público, Gerard Bofill sintió miedo otra vez. En esta ocasión por la incertidumbre generada por el Covid en el sector turístico. Sin embargo, la acogida fue buena. Tuvieron todo el verano al completo y, a día de hoy, están haciendo reservas para el mes de octubre. Dependiendo de la temporada, en el hotel trabajan entre 6 y 11 personas, algunos de ellos residentes.

La buena marcha del negocio le llevó a plantearse la escalabilidad. Pero casi en el mismo momento en el que puso el plan de expansión sobre la mesa, lo retiró por miedo a adulterar su nueva filosofía de vida. Pensó: “si yo esto lo he concebido con el corazón más que con la cabeza y lo he hecho para disfrutar de la vida, por qué me voy a complicar ahora con hacerlo más grande”, dice. Así que ahora, gran parte de las ganancias las reinvierten en mejorar las instalaciones y la calidad de los productos que distribuyen.

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