La superbisabuela que, con 78 años, fundó una empresa pensando en la sostenibilidad cuando nadie lo hacía

Ahora está de moda hablar de sostenibilidad en la empresa, pero cuando María Teresa Saperas decidió, con 78 años, fundar ADZ Nadons para fabricar pañales reutilizables algunos la miraban como si estuviese loca.

Empresas y sostenibilidad

Primero aclarar el nombre de la empresa ADZ Nadons. ADZ, por el apellido de Ramon Adzeries, esposo de María Teresa Saperas, y Nadons porque así es como se dice bebé en catalán.

Empresarios, antes que ella, fueron su padre y su esposo. Ahora lo son ella, sus siete hijos y alguno de sus 16 nietos.  María Teresa Saperas empezó su carrera profesional como maestra en Cornudella de Montsant, un pequeño municipio de la provincia de Tarragona en el que nacieron ella y su marido. Se casaron con el propósito de traer al mundo cuantos hijos les diera Dios y contó hasta siete, así que tuvo que esperar un tiempo para que éstos crecieran antes de retomar la actividad docente. A propuesta de una amiga, montó luego una escuela infantil en el pueblo aprovechando un solar de su suegro mientras Ramón Adzeries seguía trabajando en los juzgados de Reus. A esta localidad decidieron trasladar la residencia años después para facilitar el acceso a los estudios de los hijos. “Han pasado ya 57 años de aquello”, recuerda.

Fue entonces cuando María Teresa y su esposo empezaron a ejercer voluntariado con la organización benéfica Societat Sant Vicenç de Paül y descubrió una cosa que le llamó especialmente la atención. “La gente venía a pedir dinero para comprar pañales para sus bebés. Yo les decía que mejor sustituir los pañales por las gasas que habíamos utilizado toda la vida y así destinar el dinero para alimento”. La propuesta no convenció mucho, primero porque no sabían dónde comprar ese artículo y, segundo, porque eso de lavar pañales lleva su tiempo. “A mí me lo iban a decir”.

Para demostrar la existencia de los pañales de tela, cuenta María Teresa que se dirigió a una farmacia a comprarlos. “Señora, que los pañales ya no se lavan, y se quedaba así como pensando ¿y esta pobre mujer, no estará un poco ida?”. De aquí se fue al supermercado y como el resultado fue el mismo decidió confeccionar ella misma uno en su casa.

“Lo último que se me pasaba por la cabeza en ese momento es que yo iba a montar una empresa con 78 años cumplidos”. La idea de patentar los pañales y comercializarlos se la sugirió un yerno, pero fueron sus hijas, ya madres, las que se mostraron las más entusiastas. La oportunidad vino a raíz de un concurso de ideas emprendedoras organizado en Reus donde, después de mucha insistencia de los suyos, María Teresa presentó su candidatura. Todavía se ríe cuando recuerda su pañal pasando, “con mucha solemnidad”, de mano en mano por cada uno de los miembros del jurado “mientras yo soltaba el rollo”. Y sí, debieron de tomarse en serio la observación porque la concedieron el tercer premio. Este fue el detonante del nacimiento de ADZ Nadons para cuya constitución tuvo María Teresa que regresar a las aulas y recibir algo de formación empresarial.

El valor de esta empresa se mide por el impacto

Obviamente, el pañal que había concebido María Teresa no es exactamente el hoy venden en ADZ Nadons. Aquello era lo que hoy llamaríamos un Producto Mínimo Viable, pero que ya recogía la intencionalidad del proyecto: fabricar pañales reutilizables, reciclables y ecológicos. Para dar con el pañal que pretendían hizo falta mucha investigación y mucho trabajo de prueba/error, “que hasta una pequeña herencia nos hemos tenido que gastar en el desarrollo”.

Al principio, todos los hijos se volcaron con el proyecto, especialmente las tres hijas, pero ahora es solo Cristina Adzerias la que está al frente del negocio acompañada por su hija Esther. Durante todos estos años el producto no ha parado de evolucionar hasta dar con lo que es hoy: un pañal compuesto por una braguita exterior impermeable y transpirable que se ajusta a la cintura del bebé mediante velcro y la altura se regula con unos cierres a presión. Se suma en el interior un absorbente, el único consumible, hecho con bambú, con propiedades antibacterianas y antialérgicasque, que retiene la humedad y, en tercer lugar, un protector o una especie de forro biodegradable útil para que el absorbente y el pañal no se ensucien con las heces y poder tirarlo con facilidad.

El producto se fabrica en 3 tallas. Los hacen en su propio taller, que se emplaza en Les Borges del Camp y en el que ya trabajan 6 personas, con proveedores locales y lo distribuyen a través su ecommerce y algún punto físico. El valor de la empresa, en este caso, lo mediremos por su impacto medioambiental porque los pañales soportan hasta 200 lavados sin peder ninguna de sus propiedades y pueden transmitirse de un hermano a otro. Una vez finalizada la vida útil, el pañal puede desecharse sin temor a generar residuos porque es biodegradable. La propuesta de valor es notable si se tiene en cuenta que un pañal de los que se usan en la actualidad tarda, aproximadamente, 500 años en degradarse, que un bebé consume alrededor de 5.500 pañales en dos años y medio.

Tras 8 años de trabajo e investigación han dado, por fin, con el producto y el modelo de negocio que perseguían. “Ahora, parece que esto, por fin, empieza a funcionar”, dice María Teresa. Desde que fundara la empresa hasta ahora han pasado 12 años. Para sus recién cumplidos 90 años, María Teresa ha recibido un piano de regalo, una práctica que ya ejercía de joven. Ahora, con la pandemia, sale menos pero aún así le faltan horas para estudiar inglés a través de una aplicación que se ha descargado, mover sus cuentas en redes, tocar el piano y pasar el tiempo con su dilatada familia que ya integran también algunos bisnietos. Al fin y al cabo es de ellos de los que María Teresa dice sentirse más orgullosa.

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