Teletrabajo: así controlan las empresas a sus empleados en remoto

Las herramientas más utilizadas durante el teletrabajo también son un mecanismo de control para las empresas. No obstante, es obligatorio cumplir con algunas normas.

Teletrabajo: así controlan las empresas a sus empleados en remoto

Aunque el último año ha demostrado la gran capacidad de las empresas españolas para adaptar sus modelos de trabajo a realidades tan imprevisibles como una pandemia mundial, el teletrabajo también ha generado algunos problemas. Dificultades para conciliar, un aumento del gasto de los hogares en electricidad y otros suministros… O la forma de controlar que los empleados cumplan con sus obligaciones.

En este sentido, algunas de las herramientas de control empleadas durante el teletrabajo han sido demasiado intrusivas. Un ejemplo de ello es un caso denunciado en Estados Unidos, donde la empresa utilizó un software que permitía saber si el trabajador estaba realizando sus funciones a través de la cámara de su ordenador.

Para limitar estas prácticas, la nueva regulación del teletrabajo recoge la flexibilidad de horarios como una de los aspectos que se pueden pactar entre empresa y empleado, así como el derecho a la desconexión que tiene el trabajador, a pesar de realizar sus tareas en remoto. Pero, ¿es legal que la compañía controle al trabajador a través de las herramientas que utiliza? Además de los puntos anteriores, el texto contempla la posibilidad de que ambas partes firmen un acuerdo en el cual se especifiquen condiciones como el horario, los gastos y materiales necesarios para su desempeño… Y los posibles mecanismos de control que la empresa puede ejecutar.

Por tanto, la empresa sí puede controlar de forma legal la actividad profesional de sus empleados durante el teletrabajo, siempre que se recoja en un acuerdo que articule la forma de proceder. En este sentido, muchas de las herramientas de control que pueden utilizar las empresas se encuentran dentro de las propias aplicaciones más utilizadas durante la era del teletrabajo. Un ejemplo de ello es Slack, la app de mensajería orientada al ámbito laboral que más ha triunfado durante el último año.

Si la empresa cuenta con un Plan Plus, podrá acceder a los mensajes que envían las cuentas de los trabajadores, lo que permite conocer el desarrollo de su trabajo y si están o no conectados en su horario laboral. Otras herramientas, como Microsoft Teams o Google Workspace también permiten conocer algunos datos sobre los empleados de la empresa, por lo que pueden ser útiles a la hora de controlar el cumplimiento del teletrabajo.

Pero, ¿cómo puede saber el empleado si su empresa está excediendo sus controles durante el teletrabajo? La realidad es que es complicado. Sin embargo, existen algunas fórmulas. Revisar los programas informáticos instalados en el ordenador de la compañía es la primera de ellas, así como repasar las direcciones IP desde las que se ha accedido a la cuenta de correo laboral o a los perfiles profesionales de estas aplicaciones. En este sentido, contar con una buena protección informática puede prevenir algunas de estas prácticas, así como un posible ciberataque externo.

El teletrabajo está condenado a desaparecer, aunque no del todo

A medida que el ritmo de vacunación avanza a buen paso y la pandemia parece dar sus últimos coletazos, las empresas comienzan a buscar alternativas al teletrabajo que ha marcado el último año en todo el mundo. En este contexto, muchas compañías preparan la vuelta a la oficina, aunque no será como antes

Todo hace indicar que el teletrabajo se sustituirá por un modelo híbrido, en el que los empleados se turnen para realizar algunos días de trabajo presencial y otros en remoto durante su semana laboral. En este contexto, las herramientas de trabajo a distancia seguirán siendo muy importantes, y podrán ser utilizadas como mecanismo de control por parte de las empresas.

Además, el fin del teletrabajo podría dar lugar a un nuevo modelo de oficina, donde los puestos de trabajo estáticos, habituales durante los años previos a la pandemia, serán sustituidos por fórmulas más baratas y flexibles. “Las empresas transformarán sus inmuebles en ingresos directos rentabilizando ese espacio que ahora está infrautilizado y ocasiona gastos”, explica un experto de Bookker, una plataforma especializada en este tipo de operaciones, a El País.

Todo ello, con un especial cuidado por las medidas sanitarias, a través de herramientas de sensorización que permitan conocer en tiempo real la calidad del aire, por ejemplo. Esta preocupación por la salud también deberá jugar un papel más importante en los planes de incentivos de las compañías, que deben adaptarse a las nuevas necesidades de sus trabajadores.

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